“La sucesión del derecho de primogenitura que cambia en la providencia de Dios”

En Génesis 48 aparece un acontecimiento difícil de entender. Jacob, sabiendo que José deseaba bendecir más al primogénito Manasés que a Efraín, siguiendo la tradición, colocó deliberadamente sus manos de forma cruzada y, con la mano derecha, que simboliza la autoridad, impuso sobre Efraín, situado a su izquierda, y lo bendijo. José no se gustó de esto e intentó que Jacob colocara su mano derecha sobre la cabeza de Manasés, el primogénito, pero Jacob no lo permitió. Aunque los ojos físicos de Jacob estaban ciegos por la vejez, su visión espiritual era más clara que la de José en este aspecto.

Esto nos enseña que la sucesión del derecho de primogenitura no se otorga según nuestros criterios humanos, como la edad, el origen, el entorno o los logros visibles, sino que se transfiere por gracia a la persona adecuada según el punto de vista y la voluntad de Dios.

Históricamente, Efraín, que era el segundo hijo, se hizo más fuerte que Manasés, el primogénito, y de Efraín salieron muchos siervos valiosos de Dios, y en la tribu de Efraín surgieron muchos lugares importantes.

La ‘Mishná’, que es un comentario temático de la Biblia hebrea del judaísmo, el ‘Tanaj’, y el ‘Midrash’, que es un comentario versículo por versículo, así como la literatura rabínica, interpretan esto de la misma manera como un traslado subjetivo del derecho de primogenitura por parte de Dios y como una acción profética sobre la prosperidad futura.

La necesidad y la razón de dejar atrás siempre nuestros pensamientos y prejuicios

Por lo tanto, nosotros, que anhelamos una vida de fe verdadera, debemos recordar que solo si dejamos atrás los prejuicios formados por nuestras experiencias seculares y nos centramos en la perspectiva y la guía del Espíritu Santo de Dios, podremos recibir la guía del Espíritu Santo y obtener la gracia y la bendición.

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