
La Epístola a los Efesios es una carta escrita por el apóstol Pablo en el final de su ministerio, desde la prisión en Roma, dirigida a la iglesia en Éfeso. En esta carta se manifiesta claramente la profunda comprensión espiritual de Pablo acerca de la iglesia. Mientras que la Epístola a los Colosenses trata sobre “el misterio de Dios, que es Cristo”, Efesios habla acerca de “el misterio de Cristo, que es la iglesia”.
Al inicio de su ministerio, Pablo no comprendía plenamente este misterio. Sin embargo, al ver que los judíos rechazaban el evangelio, y que a partir de ello el evangelio era predicado a los gentiles, muchos llegaron al arrepentimiento, recibieron la salvación y comenzaron a servir a Dios. Además, al observar cómo las iglesias gentiles ayudaban a la iglesia de Jerusalén en tiempos de hambre, Pablo llegó a comprender que la iglesia que Dios había planeado consiste en judíos y gentiles que, en Cristo, son santificados por la fe en su gracia, y que juntos son edificados como un solo templo, llegando a ser morada de Dios.
A esto Pablo lo llamó “la dispensación de Dios”. Asimismo, afirmó que el hecho de que judíos y gentiles lleguen a ser un solo cuerpo en Cristo es una predestinación establecida por Dios desde antes de la creación del mundo. La predestinación de la que habla Efesios no se refiere a individuos específicos, sino a una comunidad que incluye a todos los gentiles, representados como “los efesios”, lo cual se puede entender claramente a través del contexto general de la carta. Por ello, Pablo se gloriaba en ser apóstol de los gentiles.
En Jeremías 18, Dios lleva al profeta a la casa del alfarero para enseñarle acerca de su predestinación. Allí presenta el ejemplo de dos naciones. La primera es una nación que Dios había decidido destruir, pero si se arrepiente y se aparta de su mal camino, Dios cambia su propósito y la salva. La segunda es una nación que Dios había establecido, pero si hace lo malo, Dios cambia su intención respecto a ella. La primera representa a los gentiles, y la segunda a Israel. El apóstol Pablo también cita este pasaje en Romanos 9 y enseña lo mismo.
Dios es un juez justo. El criterio de su juicio es el arrepentimiento y la fe de cada persona y de cada nación. Dios salva a aquellos que se apartan de su mal camino, creen en el evangelio y obedecen. Él no actúa injustamente eligiendo arbitrariamente a ciertos pueblos o individuos para favorecerlos, lo cual iría en contra de su santidad y su justicia.
Aun cuando Israel ahora esté endurecido, si humilla su corazón y se arrepiente, la Biblia afirma claramente que Dios también les concederá la misma misericordia y gracia. Esto es lo que la Escritura enseña acerca de la predestinación, y al comprenderlo correctamente, nuestra fe se enriquece aún más.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.”
Efesios 1:3-6 RVR1960
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